Correr para estar en forma. Capítulo III. Una vida sana. Deporte y alimentación.

Para estar en forma físicamente hay dos pilares fundamentales: el deporte y la alimentación. Es cierto que muchos otros factores pueden influir intensamente en nuestro estado físico (ver Capítulo V. ¿Qué me falta?), pero ahora vamos a centrarnos exclusivamente en el último mencionado: la pitanza.

Tener un hábito de alimentación saludable es tener un 50% ganado para vivir una vida sana. Por desgracia, mucha gente ha crecido sin saber cosas tan básicas como que no conviene abusar de las patatas fritas o los donuts, que las legumbres y verduras son nuestras amigas, o que un pescado bien hecho con su salsita puede ser un manjar.
“¡Espárragos, espárragos, no somos porquerííía!
¡Espárragos, espárragos, damos mucha energííía!”
Eso le canto yo a mis sobrinas a menudo. Veamos si a continuación puedo ampliar un poco el concepto.

Primero, qué NO se debe hacer.
Como norma general, se deben evitar los alimentos que todo el mundo, qué casualidad, dice que son malos. Hay estudios que dicen que los huevos son muy malos, y los hay que dicen que el marisco mata. A esos, ni caso. Por cada estudio en contra del jamón serrano encontraréis dos a favor. Sin embargo, hay puntos en que todos los expertos, estudios y mamás, coinciden:
– bollería industrial (donuts, palmeras, bollos…)
– alimentos cargados de azúcar (dulces, chucherías…)
– alimentos muy grasos (bacon, tocino, panceta…)
– comidas precocinadas
– comida basura (fish & chips, hamburguesas, pizzas no caseras…)
– alcoholes fuertes (ginebra, ron, whisky…) y refrescos tipo cola, fanta…
¡No, no, no, no, no! ¡Malo! ¡Caca! ¡Eso no se come! Desde luego no a diario.

Ocasionalmente podemos tomarnos una pizza con los amigos, claro que sí. O merendar un donut con chocolate como premio tras el entreno de ayer. O celebrar el cumpleaños cogiéndonos una castaña de las que hacen época. No son cosas recomendables -sobre todo la última-, pero vamos a ver, esto no es una travesía por el desierto. Nuestro premio por hacer un esfuerzo en una parte de nuestra vida no puede ser renunciar a algo que deseamos también en otra parte. Sobre todo en los inciertos inicios necesitamos lo que en psicología se llama refuerzo positivo, que es lo que Sheldon hacía con Penny: si te portas bien, te doy un caramelo.
Por supuesto, mi blog va exclusivamente dirigido a personas con un mínimo de materia gris, con lo que se entiende que lo anterior no quiere decir tampoco: “como ayer salí a correr, hoy desayuno un bollo, como pizza, meriendo helado y ceno hamburguesa con bacon. Y de beber, albóndigas.” Hay que ser razonable. O como dice mi madre: come de todo, pero con moderación.

Segundo, qué SÍ se debe hacer.
Un consejo muy efectivo y fácil de recordar y aplicar suele ser el siguiente: debemos sustituir nuestro consumo de comida basura por frutas y verduras.
Generalmente en la dieta del españolito medio hay un exceso de la primera y un enorme déficit de las segundas. Esto, gran fallo, nos proporciona una gran ventaja, ya que la solución es, como he dicho, bien simple: cambia la palmera por una manzana, las patatas fritas por una ensalada, y la panceta por un gazpacho.

Como norma general, la pirámide de alimentación (habrá enlaces a ejemplos gráficos de pirámides en el capítulo XV. Para saber más) que todos hemos estudiado en el cole de pequeños debería ser la que guiara nuestra dieta:
A diario mucho: cereales, pan. Agua.
A diario bastante: frutas, verduras, aceite de oliva. Fibra.
A diario razonable: lácteos y derivados.
Semanalmente mucho: arroz, pasta, legumbres.
Semanalmente bastante: pescado, carnes magras (pollo, pavo), huevos.
Semanalmente razonable: frutos secos, vino o cerveza.
Ocasionalmente: carnes grasas, embutidos.
Lo menos posible: dulces, comida basura o industrial.
En fin, la dieta mediterránea.

Mi consejo en cuanto a la comida: comer bien no funcionará si no hacéis deporte. Pero para empezar, tampoco conviene ponerse muy radical y sustituir un “nunca me he fijado en lo mal que como” por un “lomo no, que tiene grasa”. Id sustituyendo vuestros hábitos poco a poco. Tomad más legumbres, verduras y frutas y menos dulces y comida basura.

Saciado el apetito, veremos en el siguiente capítulo un ejemplo de una semana de entrenamiento a este nivel inicial.

¿Te perdiste algún capítulo? Accede al índice.

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